Para mí "cruzar el charco" es ir a Argentina. Lo demás son viajes trasatlánticos, pero no es cruzar el charco.
En el primer cruce me moría de miedo. Del otro lado no me esperaba nadie en un país distinto en otro continente del hemisferio opuesto.
La segunda vez, unos 6 meses después, decidí que no había mejor lugar donde festejar mi cumpleaños que casa. Al mes vino la tercera. Lo cruzaba de nuevo hacia ese mismo país ya no tan distinto donde algún conocido se alegraría de volver a verme.
Hubo una cuarta, de nuevo dirección casa, con el cumple de mis dos viejos como una más que suficiente razón. La quinta fue un mes y ocho aviones más tarde. Volvía esta vez a un país muy parecido y ahora sí que me esperaba alguien con muchas ganas.
Hoy es mi sexta y hasta ahora la más importante de todas. Esta vez voy a convertirme en tío. Voy a ver cómo por primera vez desde hace casi veinte años mi familia se agranda para siempre. Si este tipo de cosas no merece un cruce, entonces qué... ¿no?
A la vuelta, en el séptimo cruce, afortunadamente no me va a estar esperando la persona que yo quisiera. No. Esta vez se estará bajando conmigo del avión.
A los de allá: hasta mañana. A los de acá: nos vemos a la vuelta. A Trini: hasta la semana que viene en un país distinto en otro continente del hemisferio opuesto... con gente y pingüinos que te esperan.
miércoles, 4 de marzo de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
Una curiosidad
Este es un post bastante corto. De hecho ya estoy llegando al final. Resulta que hoy "googleando" algunas cosas me dí cuenta que si uno busca los nombres de los números en inglés (es decir "one", "two" y así), mientras más grande sea el número, menos veces aparece en la web.
Presento aquí la cantidad aproximada de páginas por búsqueda.
3,790,000,000 for one
1,690,000,000 for two
955,000,000 for three
651,000,000 for four
550,000,000 for five
516,000,000 for six
293,000,000 for seven
197,000,000 for eight
170,000,000 for nine
No creo que este hallazgo sea suficiente para terminar mi doctorado, pero estas pequeñas curiosidades me llaman siempre la atención.
¿Alguien más tiene algún descubrimiento revelador (de cualquier índole, no necesariamente googleano, ni siquiera informático) para contarnos?
martes, 23 de diciembre de 2008
El año que viene lo importante es salir a flote
Podría empezar este texto diciendo "soy buzo". Sería una mentira importante, pero podría decirlo. La verdad verdadera es que tengo un carnet que dice que puedo bucear hasta los 18 metros (en Cataluña hasta 25 por temas legales, claro está que el mar es el mismo). En cualquier caso no quiero darle una importancia más allá de lo anecdótico a una tarjeta más en mi billetera, lo importante sin duda es lo increíblemente divertido que fue el proceso para obtenerla.
¿Cómo se nos ocurrió hacerlo? Trini recibió un mail con una oferta especial para el curso inicial de buceo deportivo y me lo renvió porque: 1) yo alguna vez le había comentado que me gustaría hacerlo y 2) tiene una memoria de elefante y se acordaba de esa vez.
Decidí hacerlo y para que fuera más divertido intenté enganchar a algún amigote para que se viniera. Terminamos siendo 6 (entre amigos y amigos de amigos). Cuando nos dimos cuenta estábamos metidos en una pileta practicando cosas que cuando te las cuentan suenan súper pro, como sacarte todo el equipo y ponértelo de nuevo... debajo del agua. La verdad es que se necesitan sólo dos clases para eso con lo cual muy difícil no debe ser, pero uno se siente un grande al hacerlo.

De esos primeros truquillos el que más me gustó es el de vaciar la máscara. Supongamos que estás a 10 o 20 metros de profundidad y te entra agua impidiéndote ver. ¿Qué hacés? ¿Se puede sacar el agua abajo del agua?. Yo pensaba que no. Pensaba: "regla de oro: que no te entre agua porque cagaste". Resulta que viene Pep, el instructor, y en dos clases me tira la teoría por la borda (acompáñese con sonido de chiste fácil). Conforme nos decía "con un par de sopliditos por la nariz presionando la parte de arriba de la máscara volvés a tenerla llena de aire", yo pensaba: cuántas cosas que hay por aprender.
Después de dos teorías y dos prácticas en piscina se suponía que estábamos listos para enfrentarnos a la naturaleza, a la mar, al otro 70% del planeta que no conocemos. A mí me parecía un poco pronto, pero decidí que si lo decía Pep sería verdad. Después de todo él era capaz de hacer cosas increíbles como vaciar una máscara debajo del agua.

Así fue como hace dos findes reservamos una pensión de mala muerte y nos fuimos sábado y domingo a completar el curso (examen incluido) los seis mosqueteros: Srdjan, Mrdzy, Albert, Jonathan, el gran Pepe y yo. Fueron cuatro inmersiones en las que aprendimos a ponernos las aletas (patas de rana) dentro del mar y muchos otros truquitos de este deporte maravilloso. Lo más difícil para mí fue sin duda compensar correctamente. Compensar consiste en taparte la nariz y soplar para que no te duelan los oídos, lo mismo que en un aterrizaje de avión. Y eso me costó un huevo las primeras 3 veces. Sin embargo en la última inmersión, la más profunda (el máximo fueron 21,6 metros) lo pude controlar casi sin problemas.

La sensación es difícil de explicar, pero lo voy a intentar: imaginate que tenés puesto un traje de 5 o 7 mm de espesor que te apreta mucho transformándote en una morcilla y te da calor. Además tenés colgada de la espalda una botella de acero que pesa un huevo y como si eso fuera poco... un cinturón con nueve kilos de plomo a la cintura. ¿A que estás pensando que eso debe ser re incómodo? Estás en lo cierto, amiguito... es tan confortable como una cama de clavos.
Ahora imaginate que los clavos se transforman en un colchón mullidito conforme te vas metiendo en el agua y ya nada pesa. Ahora todo ese bodoque humano con accesorios flota! Pero eso no es lo mejor... no señor. El sumum es cuando después de tocar fondo logramos "flotabilidad neutra", que en criollo significa "ni hundido ni a flote". Es como estar volando en el agua, como los pececitos que no se van para arriba ni para abajo. Cuesta bastante conseguir este estado siendo novato, pero al lograrlo todo cambia. Me temo que de manera irreversible.
FELISAMEMUERO PARA TODOS!

¿Cómo se nos ocurrió hacerlo? Trini recibió un mail con una oferta especial para el curso inicial de buceo deportivo y me lo renvió porque: 1) yo alguna vez le había comentado que me gustaría hacerlo y 2) tiene una memoria de elefante y se acordaba de esa vez.
Decidí hacerlo y para que fuera más divertido intenté enganchar a algún amigote para que se viniera. Terminamos siendo 6 (entre amigos y amigos de amigos). Cuando nos dimos cuenta estábamos metidos en una pileta practicando cosas que cuando te las cuentan suenan súper pro, como sacarte todo el equipo y ponértelo de nuevo... debajo del agua. La verdad es que se necesitan sólo dos clases para eso con lo cual muy difícil no debe ser, pero uno se siente un grande al hacerlo.

De esos primeros truquillos el que más me gustó es el de vaciar la máscara. Supongamos que estás a 10 o 20 metros de profundidad y te entra agua impidiéndote ver. ¿Qué hacés? ¿Se puede sacar el agua abajo del agua?. Yo pensaba que no. Pensaba: "regla de oro: que no te entre agua porque cagaste". Resulta que viene Pep, el instructor, y en dos clases me tira la teoría por la borda (acompáñese con sonido de chiste fácil). Conforme nos decía "con un par de sopliditos por la nariz presionando la parte de arriba de la máscara volvés a tenerla llena de aire", yo pensaba: cuántas cosas que hay por aprender.
Después de dos teorías y dos prácticas en piscina se suponía que estábamos listos para enfrentarnos a la naturaleza, a la mar, al otro 70% del planeta que no conocemos. A mí me parecía un poco pronto, pero decidí que si lo decía Pep sería verdad. Después de todo él era capaz de hacer cosas increíbles como vaciar una máscara debajo del agua.

Así fue como hace dos findes reservamos una pensión de mala muerte y nos fuimos sábado y domingo a completar el curso (examen incluido) los seis mosqueteros: Srdjan, Mrdzy, Albert, Jonathan, el gran Pepe y yo. Fueron cuatro inmersiones en las que aprendimos a ponernos las aletas (patas de rana) dentro del mar y muchos otros truquitos de este deporte maravilloso. Lo más difícil para mí fue sin duda compensar correctamente. Compensar consiste en taparte la nariz y soplar para que no te duelan los oídos, lo mismo que en un aterrizaje de avión. Y eso me costó un huevo las primeras 3 veces. Sin embargo en la última inmersión, la más profunda (el máximo fueron 21,6 metros) lo pude controlar casi sin problemas.

La sensación es difícil de explicar, pero lo voy a intentar: imaginate que tenés puesto un traje de 5 o 7 mm de espesor que te apreta mucho transformándote en una morcilla y te da calor. Además tenés colgada de la espalda una botella de acero que pesa un huevo y como si eso fuera poco... un cinturón con nueve kilos de plomo a la cintura. ¿A que estás pensando que eso debe ser re incómodo? Estás en lo cierto, amiguito... es tan confortable como una cama de clavos.
Ahora imaginate que los clavos se transforman en un colchón mullidito conforme te vas metiendo en el agua y ya nada pesa. Ahora todo ese bodoque humano con accesorios flota! Pero eso no es lo mejor... no señor. El sumum es cuando después de tocar fondo logramos "flotabilidad neutra", que en criollo significa "ni hundido ni a flote". Es como estar volando en el agua, como los pececitos que no se van para arriba ni para abajo. Cuesta bastante conseguir este estado siendo novato, pero al lograrlo todo cambia. Me temo que de manera irreversible.
FELISAMEMUERO PARA TODOS!martes, 2 de diciembre de 2008
El mate sigue ganando adeptos
Hace exactamente dos años, un mes y un día escribí una pequeña reseña sobre mis intentos por difundir el mate. Hoy acabo de recibir un mail que sin duda es una prueba de que tarde o temprano, todo el planeta tierra se dará cuenta de cuál es la mejor infusión que pisa su faz.
Acá está el texto en inglés (para los más puristas) y a continuación su (bueno, mi) traducción al castellano:
Generalmente íbamos a almorzar juntos o a tomar un café a media tarde. Teníamos una relación cordial y de lo más normal hasta que un día me vió con el mate y cometió el error de hacer la pregunta de rigor: "¿Qué carajo es eso?".
Todo cambió desde aquel momento. Lo dejé de ver como un compañero de trabajo para considerarlo una más de mis potenciales víctimas en la cruzada de expandir los dominios materos a diestra y siniestra.
"Cocecharás tu siembra", nunca hay que olvidarse. Hoy es uno de esos grandes días. Hoy, en el momento menos esperado, recibí ese párrafo inocente junto con una foto donde se ve un mate de caña, una bombilla de boquilla dorada y un paquete de yerba escrito en inglés. Hoy, a las 10:31 hora Barcelona, el mate se hace con otra víctima y yo me regocijo en mi rol de agente transmisor.
Hace exactamente dos años, un mes y un día escribí una pequeña reseña sobre mis intentos por difundir el mate. Hoy acabo de recibir un mail que sin duda es una prueba de que tarde o temprano, todo el planeta tierra se dará cuenta de cuál es la mejor infusión que pisa su faz.
Acá está el texto en inglés (para los más puristas) y a continuación su (bueno, mi) traducción al castellano:
how is life? I always wanted to send you the attached picture of myLa pregunta del millón es ¿quién es este tipo?. Bueno, es un chico alemán (sale en el video del paracaídas al principio, rubio de pelo largo ala izquierda de la pantalla) que conocí en Estados Unidos este verano. Él estudia en Londres y también estaba haciendo una pasantía o "internship" en el mismo lugar que yo.
bombilla and beginners yerba mate kit. I bought it right after I
returned and have been a happy mate drinker ever since. I am a
complete caffeine junky now as I drink both coffee and mate tea :)
¿Qué tal tu vida? Siempre tuve ganas de enviarte esta foto de mi bombilla y mi kit "yerba mate para principiantes". Lo compré apenas volví y desde ese momento he sido un feliz tomador de mate. Ahora soy un completo adicto a la cafeína, ya que tomo tanto café como mate.
Generalmente íbamos a almorzar juntos o a tomar un café a media tarde. Teníamos una relación cordial y de lo más normal hasta que un día me vió con el mate y cometió el error de hacer la pregunta de rigor: "¿Qué carajo es eso?".
Todo cambió desde aquel momento. Lo dejé de ver como un compañero de trabajo para considerarlo una más de mis potenciales víctimas en la cruzada de expandir los dominios materos a diestra y siniestra.
"Cocecharás tu siembra", nunca hay que olvidarse. Hoy es uno de esos grandes días. Hoy, en el momento menos esperado, recibí ese párrafo inocente junto con una foto donde se ve un mate de caña, una bombilla de boquilla dorada y un paquete de yerba escrito en inglés. Hoy, a las 10:31 hora Barcelona, el mate se hace con otra víctima y yo me regocijo en mi rol de agente transmisor.
martes, 28 de octubre de 2008
Parientes cercanos
Es muy difícil describir ciertas cosas relacionadas al parentesco. Por una parte, está muy clara la relación que tenemos con la tía Cristina porque es alguien a quien de vez en cuando ves, le contás tu vida... te cuenta la de ella y así vas regando la plantita. Por otro lado... ¿qué pasa cuando te encontrás con un pariente del que casi no te acordás porque la última vez que lo viste tenías 5 años? ¿Existe todavía un lazo? A los efectos prácticos... ¿es todavía un pariente o el tiempo hizo prescribir ese título y ahora es poco más que un desconocido?
Todas esas dudas me rebotaban en la cabeza (del lado de adentro) cuando me bajé del tren en Newark y llamé por teléfono a mi tío Marcelo, que hace ya casi veinte años cuando se acuesta ve por la ventana las luces de Nueva York.
Nos reconocimos gracias a las fotos que habíamos intercambiado por internet últimamente y nomás subirme al coche ya estábamos camino a una fiesta argentina charlando como si no nos viéramos hace un par de años, a lo sumo. Al llegar conocí a su esposa Nancy y a sus hijos Sofía y Alex, con los cuales terminaría, al cabo de pocos días, sintiéndome dulcemente vinculado.
Alex no sólo le cedió por una semana su habitación a una persona que él no había visto en su vida. Nancy no sólo trató a ese mismo como si fuera más que un sobrino: una mezcla entre amigo e hijo... incluso le cocinó. Sofía no sólo terminó dándole besos con una sonrisa e intentando aplicarse para hacer la tarea. Marcelo no sólo se pidió todos los días en el trabajo para acompañarlo adonde él quisiese. No. No fue sólo eso. Además, todos lo trataron como si lo conocieran desde siempre. Todos le brindaron cariño, compañía y confianza... porque sí.
Me fui quedándome en deuda con esta familia parte de mi familia, esperando alguna vez tener la oportunidad de devolverles esto de alguna forma.
Independientemente de la sangre... no todo el mundo tiene la capacidad de hacerte sentir así de bien.
Gracias, de verdad.
Es muy difícil describir ciertas cosas relacionadas al parentesco. Por una parte, está muy clara la relación que tenemos con la tía Cristina porque es alguien a quien de vez en cuando ves, le contás tu vida... te cuenta la de ella y así vas regando la plantita. Por otro lado... ¿qué pasa cuando te encontrás con un pariente del que casi no te acordás porque la última vez que lo viste tenías 5 años? ¿Existe todavía un lazo? A los efectos prácticos... ¿es todavía un pariente o el tiempo hizo prescribir ese título y ahora es poco más que un desconocido?

Todas esas dudas me rebotaban en la cabeza (del lado de adentro) cuando me bajé del tren en Newark y llamé por teléfono a mi tío Marcelo, que hace ya casi veinte años cuando se acuesta ve por la ventana las luces de Nueva York.

Nos reconocimos gracias a las fotos que habíamos intercambiado por internet últimamente y nomás subirme al coche ya estábamos camino a una fiesta argentina charlando como si no nos viéramos hace un par de años, a lo sumo. Al llegar conocí a su esposa Nancy y a sus hijos Sofía y Alex, con los cuales terminaría, al cabo de pocos días, sintiéndome dulcemente vinculado.
Alex no sólo le cedió por una semana su habitación a una persona que él no había visto en su vida. Nancy no sólo trató a ese mismo como si fuera más que un sobrino: una mezcla entre amigo e hijo... incluso le cocinó. Sofía no sólo terminó dándole besos con una sonrisa e intentando aplicarse para hacer la tarea. Marcelo no sólo se pidió todos los días en el trabajo para acompañarlo adonde él quisiese. No. No fue sólo eso. Además, todos lo trataron como si lo conocieran desde siempre. Todos le brindaron cariño, compañía y confianza... porque sí.

Me fui quedándome en deuda con esta familia parte de mi familia, esperando alguna vez tener la oportunidad de devolverles esto de alguna forma.
Independientemente de la sangre... no todo el mundo tiene la capacidad de hacerte sentir así de bien.
Gracias, de verdad.
jueves, 9 de octubre de 2008
En negrita.
Me levanto con una sonrisa, y me voy a trabajar archi feliz. Vuelvo más contento que perro con dos colas para pasar una tarde en mi casa o dando vueltas por ahí riéndome a carcajadas. A la noche ceno en casa o como afuera... no importa. Eso si: siempre con la sonrisa instaurada y la carcajada a mano. Despues me voy a dormir y me siento en lo más alto del mundo.
Los fines de semana siempre hay un plan, y siempre termina saliendo mejor de lo que imaginaba. A veces es ir a una ciudad desconocida, o a ver un poco de naturaleza. Hay un denominador común: lo hago con ilusión y me siento afortunado de que vaya a quedar guardado como un recuerdo compartido.
Hey, vos... muchas gracias por escribir en mi día a día cosas en negrita durante esas dos semanas ;)

Me levanto con una sonrisa, y me voy a trabajar archi feliz. Vuelvo más contento que perro con dos colas para pasar una tarde en mi casa o dando vueltas por ahí riéndome a carcajadas. A la noche ceno en casa o como afuera... no importa. Eso si: siempre con la sonrisa instaurada y la carcajada a mano. Despues me voy a dormir y me siento en lo más alto del mundo.
Los fines de semana siempre hay un plan, y siempre termina saliendo mejor de lo que imaginaba. A veces es ir a una ciudad desconocida, o a ver un poco de naturaleza. Hay un denominador común: lo hago con ilusión y me siento afortunado de que vaya a quedar guardado como un recuerdo compartido.
Hey, vos... muchas gracias por escribir en mi día a día cosas en negrita durante esas dos semanas ;)
domingo, 24 de agosto de 2008
Dos mentiras a mi familia
*** INTRODUCCIÓN ***
Mis viejos no me obligaban a hacer deporte. Era decisión mía. Ellos no me decían en cuál anotarme ni cuál dejar. En casa sólamente existía una regla respecto de ese tema: kayak no.
La negativa estaba fundada en que al poco tiempo de mudarnos al lugar, varias personas murieron ahogadas en cuestión de unos pocos meses. Una de ellas estaba intentando cruzar la Ría en kayak. Es muy probable que yo hubiera hecho lo mismo con mis hijos ante una situación similar, pero eso no lo podemos entender a cierta edad y en ciertas circunstancias.
Para colmo, la escuela municipal combinaba (y probablemente siga combinando) la enseñanza de técnicas de remo con paseos por diferentes rincones de la Ría Deseado, para que los alumnos (todos niños y adolescentes) pudieran disfrutar de una fauna marina que impresiona a cualquiera, independientemente de lo que haya visto en su vida. Cormoranes, pingüinos, lobos marinos, toninas overas y otro montón de bichos que son hermosos de ver en su hábitat natural conviven pacíficamente en este rincón de la Patagonia Argentina.
Se entiende, ¿no? Dos razones para practicar kayak: los animales y la prohibición.
Aunque estaba decidido a hacerlo cueste lo que cueste, para inscribirme necesitaba una autorización de mis padres que no iba a conseguir. Así entonces decidí posponerlo hasta que s presentara una buena ocasión. Finalmente llegó cuando yo era adolescente. Me hice amigo de unos chicos que tenían su propio kayak.
Al principio andaba por aguas muy tranquilas y poco a poco me fui largando a explorar cosas más lejanas e interesantes. Un día llegó el desafío final: cruzar la Ría. El que me lo propuso dominaba mucho el tema así que me sentí seguro y acepté.
Salimos temprano. Sólo recuerdo dos cosas de todo lo que llevaba: el salvavidas y el miedo :). A mitad de camino, cuando las olas eran de más de un metro y mis brazos estaban destruídos, me acordé de mis viejos. Ese fue el primer momento en el que pensé que tal vez tenían razón. Pero ya era tarde para pegar la vuelta: faltaba lo mismo para una orilla que para la otra. Así que seguí remando y llegué con la lengua afuera.
Nenes de 12 años cruzan la ría y hasta ha habido gente que lo hizo nadando. Sin embargo para mí, un kayakista furtivo, era un logro increíble. La recompensa fue inmejorable: del otro lado pude, por primera vez, ver un nido de pingüino habitado por la familia completa, pareja y pichoncito.
No me acuerdo qué hice cuando volví a mi casa, pero tengo perfectamente claro qué cosa NO hice.
Nunca, hasta el día de hoy, les había confesado a mis viejos esta aventura que en perspectiva puede parecer trivial pero que en su momento me hizo latir el corazón a velocidades desconocidas para mí. Al principio, no lo declaré para no preocuparlos, más adelante me lo callé sin razón lógica.
Viejos, abu y Mariana: pido perdón pero prefiero que se enteren ahora, que viví para contarlo:
*** INTRODUCCIÓN ***
Cuando era chico practiqué todos los deportes que existían en Puerto Deseado. Mis comienzos fueron con el básquet, pero siempre fui un jugador mediocre. Al tiempo me pasé al kung fu hasta protagonizar un par de hechos violentos que me asustaron hasta el pundo de retirarme con 13 años (eso y el viaje a Chile: diez horas en un colectivo para que me peguen cinco patadas y quedarme afuera del torneo en menos de 45 segundos). Fui también a dos clases de fútbol. Practiqué volley y hasta llegué a disputar un torneo en San Julián: perdimos porque saqué mal el último punto del tie-break. Ya adolescente, tuve un paso fugaz por la natación: mi mayor logro fue un torneo local que ganó Marcelo, uno de mis mejores amigos y compañero de entrenamiento.
Mis viejos no me obligaban a hacer deporte. Era decisión mía. Ellos no me decían en cuál anotarme ni cuál dejar. En casa sólamente existía una regla respecto de ese tema: kayak no.
La negativa estaba fundada en que al poco tiempo de mudarnos al lugar, varias personas murieron ahogadas en cuestión de unos pocos meses. Una de ellas estaba intentando cruzar la Ría en kayak. Es muy probable que yo hubiera hecho lo mismo con mis hijos ante una situación similar, pero eso no lo podemos entender a cierta edad y en ciertas circunstancias.
Para colmo, la escuela municipal combinaba (y probablemente siga combinando) la enseñanza de técnicas de remo con paseos por diferentes rincones de la Ría Deseado, para que los alumnos (todos niños y adolescentes) pudieran disfrutar de una fauna marina que impresiona a cualquiera, independientemente de lo que haya visto en su vida. Cormoranes, pingüinos, lobos marinos, toninas overas y otro montón de bichos que son hermosos de ver en su hábitat natural conviven pacíficamente en este rincón de la Patagonia Argentina.
Se entiende, ¿no? Dos razones para practicar kayak: los animales y la prohibición.
Aunque estaba decidido a hacerlo cueste lo que cueste, para inscribirme necesitaba una autorización de mis padres que no iba a conseguir. Así entonces decidí posponerlo hasta que s presentara una buena ocasión. Finalmente llegó cuando yo era adolescente. Me hice amigo de unos chicos que tenían su propio kayak.
Al principio andaba por aguas muy tranquilas y poco a poco me fui largando a explorar cosas más lejanas e interesantes. Un día llegó el desafío final: cruzar la Ría. El que me lo propuso dominaba mucho el tema así que me sentí seguro y acepté.
Salimos temprano. Sólo recuerdo dos cosas de todo lo que llevaba: el salvavidas y el miedo :). A mitad de camino, cuando las olas eran de más de un metro y mis brazos estaban destruídos, me acordé de mis viejos. Ese fue el primer momento en el que pensé que tal vez tenían razón. Pero ya era tarde para pegar la vuelta: faltaba lo mismo para una orilla que para la otra. Así que seguí remando y llegué con la lengua afuera.
Nenes de 12 años cruzan la ría y hasta ha habido gente que lo hizo nadando. Sin embargo para mí, un kayakista furtivo, era un logro increíble. La recompensa fue inmejorable: del otro lado pude, por primera vez, ver un nido de pingüino habitado por la familia completa, pareja y pichoncito.
No me acuerdo qué hice cuando volví a mi casa, pero tengo perfectamente claro qué cosa NO hice.
Nunca, hasta el día de hoy, les había confesado a mis viejos esta aventura que en perspectiva puede parecer trivial pero que en su momento me hizo latir el corazón a velocidades desconocidas para mí. Al principio, no lo declaré para no preocuparlos, más adelante me lo callé sin razón lógica.
*** NUDO ***
Toda esta introducción es para justificar la SEGUNDA mentira. Ayer cuando mi vieja me preguntó qué planes tenía para el fin de semana, le dije que todavía no lo tenía claro.Viejos, abu y Mariana: pido perdón pero prefiero que se enteren ahora, que viví para contarlo:
*** DESENLACE ***
Suscribirse a:
Entradas (Atom)