jueves, 27 de mayo de 2010

Las dos caras de usar palabras en inglés

Supongo que todos estamos de acuerdo en que saber inglés tiene muchas ventajas. Nos permite comunicarnos con muchísima más gente, tener acceso a cantidades ingentes de informacion (mucha más que la disponible en cualquier otra lengua) y leer libros que nunca se tradujeron ni traducirán al español. Sin embargo, saber inglés, o específicamente vivir en un país de habla inglesa tiene al menos una desventaja.
Desde que vivo en australia escucho conversaciones del siguiente tipo.
-Me acabo de comprar una manzana.
-Qué bien. Aunque la verdad es que yo prefiero las ventanas.
Me llevó nueve meses viviendo en un país de habla inglesa darme cuenta de lo que todos ustedes ya saben: para un angloparlante, no hay diferencia entre Windows y ventana, ni entre Apple y manzana y así sucesivamente.
Imagínense por un momento que dejáramos (nosotros, los hispanohablantes) de llamar a todos estos términos por su anglonombre para usar nuestras propias palabras. Así es como se siente esta pobre gente.
Ellos no sólo se debaten entre comprarse una manzana o una con ventanas para conectarse a interred, sino que también escriben sus textos en MS Palabra. Las presentaciones las preparan en Punto de Poder y tienen direcciones de correo electrónico tipo @correocaliente.com o @gcorreo.com. Se mantienen conectados con sus amigos mediante Caralibro.com, al que suben fotos editadas con el Pintura o en el mejor de los casos con Negocio de Fotos.
Para ellos las cosas no son on line ni off line sino en linea o fuera de linea. Tampoco usan memory sticks sino palos de memoria (esas cositas a las que nosotros llamamos pen drives, que también traduzco si quieren: unidades bolígrafos). Navegan a diario usando el Explorador de Internet, y trabajan con el conjunto de aplicaciones MS Oficina. Ah! Y cuando el jefe no los mira, ven videos en TúTelevision.com (youtube).
Y si me tiran de la lengua también tendré que decir que Manzana, la compañía de Esteban Trabajos (Steve jobs) acaba de lanzar un producto por el que la gente hace cola que es como una compu pero sin teclado. Y el tipo va y sin ningún tipo de escrúpulos la llama YoToallitaFemenina (iPad).
¿Adónde quiero llegar con todo esto?, a que usar anglicismos, o directamente palabras en inglés tiene dos caras: Ya conocemos la mala, hay millones de textos en millones de blogs explicándonos cómo destruye y desplaza nuestras propias palabras. No lo niego, pero ¿alguien alguna vez se puso a pensar en la buena? Para nosotros word y palabra son cosas muy diferentes pero para ellos es lo mismo. La tecnología les trajo ambigüedades.
Todo esto me lleva a pensar en aquellos pioneros de la informática que concibieron por primera vez un sistema operativo, o un procesador de texto, o un teléfono que te asiste hasta para ir al baño. Esta gente, sin duda entre los más inteligentes del mundo, capaces de crear productos que nos cambiaron la vida para siempre, ¿no se podía haber esforzado un poco más con los nombres?
Para mí MS Palabra es una falta de respeto.

jueves, 22 de abril de 2010

Pingus australianos

La naturaleza de este país es increíble. De lo visto hasta ahora, si me pidieran que elija mis tres cosas favoritas diría:
  • La vida submarina: uno se queda boquiabierto con la cantidad de vida y colores que te saludan al sumergirte sólo unos metros (y eso que todavía no fui a la gran barrera de coral).
  • Los pájaros: desde la cucaburra histérica hasta las cacatúas blancas, los loros de pecho arcoiris (nombre que me acabo de inventar, pero el bicho existe) y unos grises con el pecho rosado.
  • Los marsupiales (un clásico): Cómo no profesar el amor a los koalas y a los canguros, ¿no? Estos últimos ya sean en libertad o en la cazuela.
Sin embargo existe un lugar al que un patagónico no debería ni acercarse. Es más, las constituciones de las provincias de Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut deberían prohibirlo en el artículo segundo. Yo propondría algo del estilo:
LOS CIUDADANOS NO PODRÁN, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA Y SIN EXCEPCIÓN VISITAR LA DENOMINADA "PHILIP ISLAND" EN EL ESTADO DE VICTORIA, AUSTRALIA.
El motivo de mi propuesta surge del viaje a Melbourne que hicimos para semana santa. La ciudad realmente una preciosura y muy europea, que es como todos los australianos la describen. Pero no voy a hablar de eso hoy. No. Tampoco voy a comentarles que al volver a Newcastle se nos rompió el coche y tuvimos que llamar a la grúa y hoy, semanas después sigue en el taller. Eso es harina de otro costal, o post.
Este texto trata del último día de nuestro viaje, cuando Cristian y Trini deciden alquilar un coche para explorar un poco la naturaleza que rodea a la segunda urbe más grande del país.
Entre las mil recomendaciones que nos dieron compañeros de trabajo, amigos y el maravilloso google, decidimos visitar Philip Island, una isla donde la mayor atracción es la Penguin parade. En criollo sería "El desfile de los pingüinos".
Viniendo yo de un lugar donde hay más (muchísimos más) pingüinos que personas, lo primero que me asombró fue el cartel que dice tickets. En Deseado es casi al revés, deberían ser ellos (los pingüinos) los que pagaran para vernos a nosotros, escasos humanos.

Nótese el cartel a la izquierda de la foto.

De hecho me asombró tanto que cobraran entrada que le pregunté a la mujer que las vendía (y esto es literal y hay testigos):
-¿Y esos 21 dólares por persona para qué son?
-Para conservar a los pingüinos.
Entonces ahí me entraron un montón de dudas que preferí guardarme. La conclusión que saco es que: esto es un robo o bien los pájaros bobos no son tan bobos y tienen un arreglo del tipo "si no vemos los 21 dólares por barba nos vamos a Nueva Zelanda que nos pagan mejor".
Cuenta regresiva para que lleguen los pingus.

Pero bueno, habíamos manejado más de dos horas para verlos y ya no nos íbamos a echar atrás.
Hicimos tiempo hasta que se hizo la hora (nótese la pantalla con la cuenta regresiva) y nos fuimos al encuentro hombre-naturaleza.
La decepción no hizo más que crecer. Resulta que los 21 dólares eran la entrada popular, donde los veías de una grada. ¡Una grada! Como si fuera un partido de fútbol. Si los querías ver más de cerca tenías que pagar la entrada Penguin plus. Y juro que no miento, se llamaba así, el que no me crea que lo mire acá (también se pueden ver las gradas).
A mí ya me había olido todo a robo cuando ví que te cobraban extra por las audioguías, por adoptar un pingüino, la tiendita de souvenirs y el patio de comidas.

Audioguías.

Adoptá un pingüino.

Pequeña tienda de pingusouvenirs.

Sin embargo la estafa sin parangón fue sin duda el puestito "Sacate la foto con un pingüino". Véanlo por ustedes mismo, señores. Una foto con fondo verde y después te meto el pingüino con photoshop por sólo quince dólares. ¡Quince dólares! Con cuatro fotos pagás la cámara, rubia ladrona.

La robofoto (robo de robo, no de robot).

Quiero que entiendan mi indignación, señores. Voy de buena fe a ver a los pingüinos más pequeños del mundo, parientes cercanos de los nuestros, los de Magallanes y los de Penacho Amarillo y resulta que te cobran hasta por respirar. Son muy bonitos, sí, pero están más industrializados que las hamburguesas de los McDonald's y (ah! casi me olvido), también está prohibido sacarle fotos.
En Puerto Deseado, Claudio de Los Vikingos te lleva por un precio similar en su barco a una isla donde no hay nada más que pingüinos. El embarcadero queda a 800 metros de la casa de mis viejos y durante el viaje te cuenta mil quinientas cosas con la humildad que sólo los grandes tienen. Una vez en la isla, tenés miles y miles a tu disposición, te podés acercar lo que quieras que no se asustan ni salen corriendo, les podés sacar fotos y no necesitás molestarlos con el flash porque es plena luz del día. En el trayecto en el barco también viste cormoranes, lobos marinos y con suerte toninas overas, sin duda el delfín más lindo del mundo.
Sin embargo el tema no termina ahí, no señor. Antes de pegar la vuelta Claudio se prepara unos mates y saca de una conservadorita galletitas y queso para untar. Y que nadie me diga que eso lo hizo con nosotros porque lo conocemos del pueblo. No señor, esto lo saqué de la página web:
Al finalizar la recorrida, el viajero podrá disfrutar de una mateada y dispondrá de tiempo libre, para luego proseguir con la excursión, a bordo del bote.
Ahora yo me pregunto, después de haber tenido una experiencia inmejorable en las costas de mi propia casa ¿quién me manda a ver pingüinos al otro lado del mundo?

Constancia de que ir con "Los Vikingos" es más divertido.

domingo, 18 de abril de 2010

¡Nos vemos en dos meses!

Esta noticia no la puedo decir con muchos preámbulos, así que ahí va, cruda y sin anestesia:
EL 26 DE JUNIO LLEGAMOS A ARGENTINA
Vamos los dos. Yo me quedo hasta el 14 de julio, así veo la final del mundial alentando a la celeste y blanca en casa. Trini se va para España unos días antes. Yo me uno a ella el 15 de julio y me vuelvo para Australia sobre el 25, cuando termine la conferencia que nos sirve de excusa perfecta para este gran viaje. Trini se queda un par de días más.
Los amigos de Barcelona esto ya lo sabían, porque estaba planeado desde antes. Pero lo de Argentina surgió hace muy poquito. Así que muchachos, vayan preparando el asado y el dulce de leche de un lado del Atlántico y el jamón y la paella del otro.
Ya tenemos fecha para vernos!
Estamos felices.

jueves, 18 de marzo de 2010

El problema de ser hombre y el que lleva los pantalones

Hay cosas que uno dice sin tapujos porque le parecen lo más común del mundo. El problema es que a veces lo que para una persona es normal, para otro puede ser una verdadera barbaridad.
Hace unos cuantos meses estábamos en Barcelona con un amigo charlando de bueyes perdidos. No sé cómo salió el tema (la conversación debe haber rumbeado para el lado de la indumentaria), pero en un momento me soltó una frase que se me quedó grabada a fuego.

-Como en invierno -dijo- que uno nunca lava los pantalones.

Me quedé un poco atónito, sin estar del todo seguro de que lo había entendido bien. Cuando me confirmó que se refería a que no lavaba sus pantalones en todo el invierno, me dí cuenta que estaba frente a una de estas frases memorables.
Hay que reconocer que la norma no es usarlos una vez y lavarlos, como suele ser el caso con las remeras. Habrá quien lo haga, pero yo (y otros amigos consultados) en general tiendo a estirarlo un poquito y nunca lavo un vaquero antes del tercer uso. Sin embargo entre eso y pasar todo el invierno hay un trecho. A vos te lo digo, amiguín.
El lector perspicaz se estará preguntando por qué traigo a colación este tema tanto tiempo despues. La respuesta, señor lector perspicaz, está en Australia. Este país me ha abierto los ojos en varios aspectos (sobre todo para mirar a mi alrededor en busca de serpientes). Y uno de ellos está relacionado con no lavar los pantalones durante un largo tiempo.
En las antípodas recién ahora está terminando el verano y recién ahora uno puede animarse a calzarse unos pantalones largos. Paradójicamente, lo que prueba mi teoría son los cortos. Me he pasado los últimos meses usando cortos para todo excepto trabajar. Pertenezco a ese 99% de los seres humanos macho (y de ahí el título de este post) que tiene la costumbre, de hacer pis parado (si hay algún español en la sala, cuando digo parado me refiero a de pie y no a detenido).
¿Ya empezamos a atar cabos, no? Digo el 99% y no el 100% porque tengo un amigo (otro) al que la mamá lo obligaba a hacer pis sentado justamente por estas cuestiones. A esta altura todos los lectores varones saben de lo que hablo. Las chicas (o al menos las que no han vivido nunca con chicos) probablemente no, y no se las puede culpar. Querida chica: no importa el tamaño, la puntería o lo encantador que pueda llegar a ser el hombre de tus sueños. No importa que sea limpito o que él no sea de esos. Lamento con toda mi alma romperte la ilusión pero alguien te lo tenía que decir: cuando mea, el chorro salpica.
Si alguna mujer a esta altura no me cree, la invito a que vaya a la cocina, llene un vaso con agua, y lo tire desde una altura de un metro al inodoro.
Dale... andá que te espero.
¿Ya volviste? ¿Y? No es lo que uno definiría como impecable, ¿no?.
No se me aburran que ya termino. Sabemos que una consecuencia de ser macho humano es la salpicada (siempre salpica, pero uno se entera más si usa cortos, de ahí que hable de esto en Australia). Ahora los invito a todos ustedes a reflexionar sobre los pantalones de mi amigo, que acaban de pasar tres meses sin verle el pelo a un lavarropas. A mí me da un poco de cosa, la verdad.

Bueno, voy terminando que de tanto hablar del tema y tomando tanto mate, ya se imaginarán adónde necesito ir.

Un abrazo.

PD: ¿No es paradójico que la zona crítica no sea la bragueta sino una inocente franja de treinta centímetros a la altura de las rodillas? (lo de más abajo se salva porque lo protege el inodoro).

domingo, 14 de febrero de 2010

Afeitada solar

Todo empezó con el viaje a Australia. Quizás me la olvidé o quizás la dejé deliberadamente por culpa de los pocos kilos que Singapore Airlines nos permitía. La cosa es que aterricé en Australia sin mi adorada afeitadora.
Técnicamente era una máquina para cortar el pelo, pero yo la usaba para afeitarme porque era la única manera de que no se me irritara mi delicada piel de bebé. En fin, la extrañé mucho durante los primeros meses e incluso en un par de ocasiones le metí los cuernos con las violentas cuchillas de alguna prestobarba. Por suerte todo terminó el día de Navidad, cuando recibí lo que más necesitaba (gracias Trini madre y Marta).
Es esta, señores: una flamante Braun sin cables. Al día siguiente le compré pilas y la estrené. Tan buena como la anterior, me hizo sentir el placer de volver a mi afeitada de siempre.
Pero había un problema. Las pilas contaminan mucho, mucho, mucho (y de esto se habla desde que estaba yo en la escuela primaria).
Como en Australia lo que sobra es sol, no me costó encontrar en ebay algo que se ajustara a mis necesidades y a mi situación geográfica. Señoras y señores, les presento al Camelion: mi primer cargador de pilas solar.
Es tan fácil como suena. Basta con meterle las pilas y dejarlo al sol.También tiene algunas características adicionales: si no hay sol se puede conectar a la compu via USB o enchufarlo a la electricidad para cargar las pilas. Y lo mejor de todo: se puede conectar al iPod o teléfono celular para hacerlos funcionar si éstos se te quedan sin batería y no tenés un enchufe a mano. En fin, ideal para exploradores, cámping y esas cosas.
Creo que es la primera vez que escribo algo en el blog sobre un artículo tecnológico que me compro. Aunque pensándolo mejor, es el primer artículo tecnológico que me compro del cual vale la pena hablar en el blog. En fin, estoy muy pero muy contento con este nuevo aparato y quería compartirlo con ustedes. Es difícil de explicar, pero siempre me sentí muy atraído por el reciclado y las energías limpias. Y ahora laburando en un centro de energía donde tenemos paneles solares hasta en el inodoro (nota del autor: es un decir), me siento más motivado que nunca.
Dejo fotos del antes y después de la afeitada.
Abrazo ecológico
PD: Las fotos para este artículo fueron tomadas por una cámara alimentada con pilas recargadas con energía solar :)
PPD: Papá, ya sé qué te voy a regalar para tu próximo cumple.

martes, 26 de enero de 2010

El día que me convertí en australiano

Cuando tenía trece años empecé de la escuela secundaria y de buenas a primeras pasé del papel del galán grande añorado por las chicas de quinto grado a ser el más pequeño y pedirle al cielo que me miren las de quinto año, que ya llevaban un buen tiempo usando corpiño. Los montruos de sus compañeros, viejos de dieciocho con pelos hasta en el pecho, te organizaban una bienvenida a golpes en los baños, dándote el primer día de clases un motivo para estudiar cinco años: llegar a quinto y poder por fin darle patadas en el culo a los alfeñiques de primero.
También por aquella época jugaba en el equipo municipal de volley. Me acuerdo que en un viaje a San Julián, las chicas del equipo femenino encerraron en las habitaciones del albergue donde dormíamos a las más jóvenes para dejarlas salir al cabo de unos minutos llorando como si les hubieran matado a la madre. Las víctimas tardaron años en revelarme lo que había pasado dentro de esas cuatro paredes, pero al final lo logré: les bajaban los pantalones y la más vieja del grupo les retorcía con toda su fuerza vello y carne púbica a modo de bienvenida.
Era mi primer viaje con "los chicos de volley" y estaba contento de que no hubiera bautismo (esa es la palabra que se usaba en aquel momento) en el equipo masculino. Bueno, aparentemente me equivoqué, porque no me pregunten cómo ni de donde aparecieron todos mis compañeros, me tiraron al suelo y mientras me sujetaban pies, manos y cabeza uno me dió un chupón en el cogote (que para colmo lo tengo cortito) que me dejó una mancha morada y gigante durante varios días. Aquello para lo único que me sirvió fue para aprender que frotándote un peine no se te va un carajo. Con dieciséis años, tener un chupón de tu noviecita era un logro, pero tener uno del "chileno Vargas" era un poco denigrante.
Crecí escuchando historias sobre hombres escondiéndose en la casa de la suegra una semana antes de casarse para evitar que sus amigos los torturen durante la despedida de soltero. El diario Clarín dos por tres tenía una noticia de uno que había quedado estéril porque sus amiguitos le habían dejado demasiado tiempo un candado cerrado sobre los testículos o aquel pibe que metieron en una jaula y tiraron al mar pero después se dieron cuenta que habían perdido la llave.
En fin, para los que tengan el pasaporte de otro color: en mi país los ritos de iniciación son palabras mayores. Mientras más te quieran más te va a doler.
Por eso cuando a poco de llegar a este país alguien dijo en una fiesta que tenía que pasar una prueba para convertirme en australiano, dí un paso al costado.
-Lo siento, muchachos, pero yo con una nacionalidad ya tengo bastante. Les agradezco la hospitalidad pero a mí no me hacen boxear con un canguro de dos metros ni me meten una araña mortífera en el culo ni a cambio de un Óscar. Ustedes con su Cocodrilo Dundee, yo con mi Maradona y todos contentos.
La gente insistió. El público lo pedía a gritos y Romain, el francés que nos vendió el coche, me miraba con cara de cordero degollado para que no lo dejara solo. Terminé aceptando preguntándome cómo se puede ser tan idiota mientras Sam, el encargado de la prueba, se iba a la cocina relamiéndose a preparar todos los detalles del maquiavélico desafío australiano.
Cuando volvió trajo una caja del tamaño de las de cereales y de ella sacó dos galletitas de un nombre que no me acuerdo. Nos explicó al francés y a mí que el reto consistía en comernos una cada uno en menos de dos minutos sin poder tomar nada de líquido durante ese tiempo.
-Son muy secas -dijo en tono espeluznante abriendo los ojos grandotes.
No terminaba de entender dónde estaba el truco. Levanté la mano e hice unas cuantas preguntas que me vinieron a la mente.
-¿Las vas a mear?
-No.
-¿Llevan más de un año en la alacena?
-No, las compré la semana pasada.
-¿Las vas a untar con pasta de cucarachas?
-No.
-¿Alguien en la sala las va a mear?
-No, hay que comérselas así nomás. ¿Qué gracias tendría mearlas? Dejarían de ser secas -volvió a pronunciar la palabra secas en un tono que ponía la piel de gallina.
Me abstuve de seguir preguntando porque la gente se miraba entre sí extrañada, preguntándose cómo se me podían ocurrir esas cosas. Callé, comenzando a hacerme a la idea de que no me iba a doler.
Entonces, cuando estábamos a punto de empezar se abrió paso entre la multitud el que tenía más pinta de hooligan de todos los de la fiesta y dijo:
-Pero... obviamente eso no es todo.
Sabía que había algo más. No podía ser tán fácil.
-Al terminar tienen que silbar.
Se escuchó un "uuuuuhhhhh" generalizado en la multitud. Evidentemente la subida de la apuesta por parte del barra brava cambiaba las cosas y ahora sí estábamos hablando de algo serio.
Comenzaron a cronometrarnos y para cuando faltaban diez segundos Romain silbaba la Marsellesa y yo la Marcha de San Lorenzo. La gente aplaudió y algún emocionado (que siempre los hay) nos dió un abrazo fraternal, ahora sí de australiano a australiano.
No quiero que se me malinterprete ni mucho menos faltarle el respeto a la cultura australiana. De hecho se pegaban mucho a los dientes porque eran seeeecaaaaas (cara de película de terror). Lo que pasa es que viniendo de un país donde hacemos lo que hacemos teniendo vacas, guanacos y tatú-carretas, me imaginé que en la tierra de los cocodrilos, tiburones y serpientes la cosa sería algo más seria.
¡Por fin algo light por estos lares!

martes, 19 de enero de 2010

Para muestra un botón...

Acabo de recibir este mail de uno de los jefes (traducción al castellano debajo):

Hi Guys,

Please be aware that due to the weather lately, brown snakes are likely to be around, one was just spotted off site.

Thanks

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Hola Chicos,

Por favor tengan en cuenta que, dadas las condiciones del tiempo últimamente, es probable que haya serpientes marrones. Se acaba de ver una fuera de nuestras instalaciones.

Gracias

Esto da un poco de miedo si tomamos en cuenta que según wikipedia es una de las serpientes más mortíferas del mundo.
No me quiero moriiiiiiiir. :_(