lunes, 26 de noviembre de 2007

Sebacar y Chapi en Barna






Señoras, señores... con éxtasis, euforia y fervor me complazco en comentarles que VINO SEBACAAAAAAAAAAAR!!!

Recuerdo hace ya un tiempo largo cuando me contó que dejaba la vida en la ciudad para irse a la montaña a ser instructor de esquí, y que quizás algún día pudiera hacer "doble temporada" y venirse para Andorra (a 2 horas de BCN) a ser instructor. Bueno... como el tiempo pasa, ese día llegó, de hecho hace unos diez días.

Cuando lo ví en el aeropuerto la sensación fue un poco de "hola, cabeza... qué tal el viaje" como si hubiera sido un Comodoro-Deseado. Sin embargo, a medida que el tiempo pasó me fuí dando cuenta más y más de la envergadura de la situación. SEBACAR, el increíble, el hombre de los infinitos asados, autor de frases estelares y ya famosas como "el rugby te enseña", filósofo del vino y de los encuentros con amigos, eterno discutidor criterioso, tímido al principio, desatado con confianza, gran persona y amigo personal. Ese tipo estaba en mi casa, dándome una alegría más que enorme de ver revivir momentos nuevomundísticos en el viejo mundo: mates en el Parc Güell, recitar el malevo en un pub Barcelonés, hacer una guiness frente a la sagrada familia y compartir un vino y la filosofía barata que el hecho trae aparejado en mi piso en Barna, mirando por la ventana y apreciando una ciudad maravillosa a más de 10000 kilómetros de las nuestras (maravillosas también).

Nadie... pero NADIE hubiera imaginado hace dos años que esto sucedería. Sólo dos años atrás, él estaba en Lufkin y yo en DreamSys, con otros sueños, otros objetivos. Eso es lo bueno de la vida: si uno quiere se puede tornar impredecible. Lo importante es siempre tener algo adelante, la zanahoria colgada frente a tu hocico lo suficientemente cerca como para olerla pero lo suficientemente lejos como para que tu lengua no la alcance. A veces la zanahoria cambia, pero tu reacción es la misma: perseguirla. El momento clave, donde tu cabeza hace un click es cuando te das cuenta de que ya no te importa alcanzarla. Ahora lo que disfrutás es caminar. La tenés en frente, naranja y sabrosa pero la mirás de reojo porque lo que importa es lo que ves en el camino. Vas para adelante porque perseguirla es la forma de caminar y caminar es la forma de conocer nuevas cosas. Hoy por hoy pienso que esta es la vida que quiero vivir. Una vida caminando. Resulta que Sebacar, supongo, tiene una locura similar a la mía y persiguiendo otra zanahoria completamente distinta, andando por otros lugares (y por ende viendo cosas diferentes) se cruzó conmigo.

Y lo celebramos! Eso está claro. Fuimos por toda la ciudad, caminando hasta que los pies dolieron. Dando vueltas, disfrutando, aprendiendo. Me tocó en esta oportunidad ser el guía, el amigo que no deja de ser un invitado de la ciudad pero que la conoce lo suficiente como para pasear al nuevo, al recién llegado y escupirle en pocos días todo lo que viene aprendiendo hace más de un año. Entonces impresiono... y ese es el momento en que Seba me dice "Chapi, pero vos sabés todo de esta ciudad", jaja! Pobre iluso.

Registros digitales hay pocos... en nuestras memorias estoy seguro que está todo grabado a la perfección. Yo por lo menos conservo estos días como un objeto muy valioso, bajo llave, que sólo sacaré a la luz cuando tenga ganas de contemplarlo por un ratito para volver a guardarlo y sentir el regocijo de que esté en mi poder.

Ya que de cada historia hay tantas versiones como gente que la vive, este párrafo es lo único que escribimos los dos juntos. Los invito a ver el punto de vista de mi amigo personal en su blog: http://sebacarcito.blogspot.com/2007/11/sebacar-y-chapi-en-barna.html.

sábado, 13 de octubre de 2007

Asadazo!

Cuando todos pensaban que el blog era un pueblo fantasma... llega directamente desde las yemas de mis dedos el relato del asadazazazazazo que nos comimos el otro día.
Hecho por mí, debo humildemente decir que se dejaba comer. Hicimos chorizo criollo, morcilla, tira de asado, vacío y matambre a la pizza. Como a último momento se agregaron dos personas, suplementamos con unas butifarras que son como un chorizo pero catalán y a los efectos del asado se integran muy bien.


Conseguir la carne, como siempre requiere hacer un viaje un poco más largo que al super de al lado de tu casa, pero tuvimos tanta buena suerte que cuando fuimos a un mercado grande que hay en el centro (con Trini, que fue la única que aceptó levantarse temprano y acompañarme), encontramos a "Carnicería Maruja, especialidades en cortes argentinos". Hasta chimichurri vendía la mujer (española). Se ve que se dió cuenta que somo más de tres o cuatro por estas latitudes y vió un nicho de mercado, jeje.
Los invitados fueron mis amigos argentinos y mis amigos locales (5 y 10 respectivamente) y lo hicimos en un lugar donde la gente va a hacer asado (muchos argentinos y yoruguas, muchos latinoamericanos, algún que otro local también se anima a las "barbacoas").
Javi, un amigo que conocí en el curso de catalán, fue con su mujer y su hijo de tres años, Manu. En un momento Andrea (Manu's mamá) lo acerca a la parrilla y le dice "Manu, mirá, esto es un asado, vos nunca viste un asado". Y sentí un escalofrío por la espalda ante la responsabilidad enorme de ser quien por primera vez le enseña a un argentinito lo que, muy probablemente, para el resto de su vida va a ser su comida preferida.
Después de comer lo de siempre... la tertulia, unos mates, terminar el vino, hablar de fútbol y de las pavadas que te vengan a la mente en el orden que aparezcan. Preguntando cosas catalanas, respondiendo cosas argentinas, aclarando la diferencia entre mate y heroína, aprendiendo la diferencia entre langostino y gamba (que para mí es un langostino) y poco a poco el desgranamiento que concluye con los cinco gatos locos que se quedan hasta que se hace casi de noche. En este caso, Trini, Javi, Andrea, Manu y yo.
Las fotos son gentileza de Javi (quien aparece haciendo un sanguchito con su hijo y yo).
En realidad un poco inconscientemente el asado coincidió con el año de mi llegada a Barcelona (y también la de Javi y familia), así que sin querer, ahora que me doy cuenta, lo festejamos a lo grande!


Un abrazo para todos y Manu, espero que te haya gustado!

lunes, 20 de agosto de 2007

Portland, Oregon

A ver… repasemos esta aventura de pies a cabeza (si algo está en negrita es porque tiene foto acompañando):

Este viaje consta de dos partes casi tan distantes que parece que hubiese ido a dos lugares diferentes. La parte uno es la que todo el mundo espera, detallada a continuación.

Tomo el vuelo tempranito la mañana del domingo. Barcelona-Frankfurt-Portland. Salgo a las 9 de la mañana, viajo 13 horas y llego a las 12 del mediodía a USA Es lógico, mi papá me lo enseñó con alguna fruta ya hace muuuucho tiempo pero no deja de sorprenderme.

Llego al Hilton de Porland, hago el famoso check-in y tomo un ascensor que en 23 segundos (cronometrado) me lleva desde la planta baja a mi habitación en el piso 22. La cama de cuatro plazas y medial, adentro del placard había hasta una plancha y mil mariconadas del estilo. Es más, creo que nunca poseí tantos productos para la higiene personal como esta vez: en el baño había enjuague bucal (no), shampoo (si), acondicionador (no), gel de baño (no), jabón (bueno, si), gorro de baño (por favor, mariconadas no) y vaso para lavarse los dientes (claro que no!, un verdadero macho hace huequito con la mano y caza al vuelo lo que puede del chorro).

Tras inspección a la habitación me dispongo a dar un vueltón por la ciudad. Pregunto a uno de los cincuenta mil conserjes dónde se puede ir un domingo y me dice que vaya al “Saturday market”. Voy, incrédulo, creyendo que me estaba timando el pelo pero cuando llego resulta que era verdad nomás. En realidad se llamaba “Saturday market, also open on Sunday”. Era lo que uno en criollo llamaría “feria de artesanos anexo comida”. No compré nada porque me parecía un mal comienzo arrancar el viaje gastando en chucherías del estilo “anillos de titanio” o “peine para perros”.

A la nochecita era la recepción a la conferencia. Te daban la documentación, el programa de actividades, comida y sorteaban un IPod. ¿A que no saben quién se ganó el IPod? Otro, no yo. Obvio.

Bueno, tras un rato de charlas nerds con la gente por ahí decidí irme a dormir porque esto del jet lag, los planetas girando y la diferencia horaria hace que a las 9 de la noche te sientas como si hubieses trasnochado (lógico, porque es lo que técnicamente hiciste).

Sobre la conferencia no voy a hablar mucho, en primer lugar para no aburrir y en segundo lugar para no aburrirme. Realmente no estuvo demasiado interesante porque no tenía demasiado que ver con mi tema. Explico: yo fui a presentar un artículo en un workshop, que es una sesión de artículos sobre un determinado tema que como generalmente dura un día, se organiza en conjunto con alguna conferencia supuestamente del estilo del workshop. Esta vez no fue el caso, parece J

Ya el jueves (que los cumpla feliz mi hermanucha) me empecé a poner más nervioso porque era el día de mi presentación. Recordemos, la primera vez que presento algo en otro idioma que no sea el mío, en un país que no es el mío, conociendo a una sola persona en una audiencia de 50 tipos entre los cuales estaban todos los autores de los libros y artículos más importantes del tema. Tomo aire, luz, cámara, acción y arranco “Hello everybody, I’m Cristian Perfumo… bla bla bla”.

Podría haber sido peor. Incluso después de la charla, un par al cruzarme en algún break me dijeron “Nice talk”, así que creo que para un debut en primera no estuvo mal.

Relaciones humanas durante la conferencia: varios estadounidenses, iraníes y un canadiense que estudian en USA, un vasco que trabaja en Manchester, una alemana en Londres, y así una lista infinita de gente que trabaja/estudia en lugares que no son originalmente su casa. Muy interesantes todos, muy lindo haber conocido a cada uno.

El jueves, cuando el workshop terminó fuimos a comer con la gente que había asistido y después a tomar una birra. Resulta que en un momento me pongo a analizar la situación y me dos cuenta que estoy sentado al lado del profesor que hace 15 años atrás creó todo el tema en el que estoy investigando Sé que es un comentario geek, pero es como para un pibe que juega al fútbol en la canchita de la escuela 5 tomarse una birra con Maradona una noche. ¿Se entiende? (Nota de la redacción: quizás el comentario anterior haya sido un poco exagerado para darle más color al relato y no sea tan divertido birrear con esta gente como con tus amigos de la canchita de la escuela 5).

Para explicar cómo sigue toda la historia (es decir, la segunda parte) me tengo que remontar varios meses atrás cuando todavía Paula (Casero, no Barreiro) estaba acá. Un día me presentó a una amiga de Perú y a su novio de Seattle (muy cerca de Portland). Para esa época yo recién estaba empezando a trabajar en el artículo que presenté y le dije al muchacho “existe una remota posibilidad de que vaya por tus pagos” a lo cual respondió, sin pensar un segundo, lo que todos ante algo que uno cree que nunca se hará realidad: “uhh! Buenísimo, avisame y me venís a visitar, etc, etc, etc”.

Cuando me enteré que el paper estaba aceptado, mi jefe me dijo “hay que hacer la visa, sacar el pasaje, reservar hotel, etc., lo más rápido posible”. Entonces le mando un mail a este chico (llamado Chris) diciéndole que iba para allá nomás. Al otro día tuve que hacer la reserva del hotel y le digo a la chica encargada de eso “los últimos dos días no reserves el hotel porque me voy a lo de un amigo”. Dos errores grandes: uno decir que te vas cuando no lo sabés, y dos el rótulo que le puse a este buen muchacho tras haberlo visto una vez en mi vida.

En fin, semanas más tarde me entero que el increíble está en Lima, Perú, con su novia y me doy cuenta que ya no me queda a tres horas como Seattle. Pienso alternativas y me rehúso a pagar de mi bolsillo el monto (tres cifras) que vale una noche en el Hilton.

Una vez en Portland, decido ir en búsqueda de una opción que se ajuste mejor a mi perfil (de rata humana, básicamente). No encontré pensiones de mala muerte compartiendo habitación por 20 dólares la noche, no encontré hoteles de mala muerte con habitaciones individuales por 50 dólares la noche, no nada de mala muerte que no estuviese lleno.

Comienza la fase de desesperación donde uno ya no se toma las cosas con clama porque hace el cálculo de cuánta guita se te va a ir en las dos siguientes noches en una habitación en el Hilton cuando estarías igual a gusto durmiendo en el sofá del Lobby.

Lobby, sofá,… CHAN! Ahí es cuando se me prende la lamparita y me acuerdo que alguien me había hablado de CouchSurfing (Surfeando en sofás), un sitio de Internet donde básicamente uno se suscribe ofreciendo su sofá para la gente que pueda estar de paso por tu ciudad y solicita ayuda cuando está de viaje. Me doy de alta rápidamente y busco, Portland, Oregon. Resultado: más de 100 personas y digo “una me tiene que dar una mano, alguien con corazón quedará en este planeta!” Entonces le escribo a varios. Digamos unos 20. Algunos no respondieron, otros dijeron que no y dos me dijeron que sí. Obviamente mi estado de urgencia hace que para cuando el segundo positivo había llegado yo ya tenía hasta una reunión concertada con el primero.

Nos encontramos con Devidas por primera vez el martes en el lobby y fuimos a un Starbucks (como un McDonalds pero de café). Originalmente de la India, 36 años, divorciado, Devidas parecía un pible piola que casualmente trabaja en informática así que tuvimos bastante tema de conversación para romper el hielo.

Me dijo que era socio de esta web hacía varios meses y que había alojado ya a varias personas. Ah! Para que no crean que soy un inconsciente que se mete en la casa de cualquier potencial asesino serial, la web tiene una sección de comentarios donde el huésped y el anfitrión comentan cada uno por su lado sobre la experiencia. Este chico tenía excelentes comentarios (Ahora sí no es peligroso diría Sebacar).

Me contó que hace 15 años vive en Portland, un poco sobre su laburo, su vida, en fin, la primera impresión, un tipo OK, piola, buena onda. Quedamos para el día siguiente a la misma hora y nos llevó a mí y a Bob (Canadá) a un bar donde hacen su propia cerveza y unas pizzas espectaculares a pesar de que el no bebe alcohol y es vegetariano, algo que le viene de familia.

En fin, el viernes a las 10 de la mañana estaba subido a su auto yendo para su casa que, para ponerle un poco más de terror al asunto, quedaba en las afueras de la ciudad, cruzando todo el bosque (literalmente, un bosque).

Cuando llegamos a su casa, al ver a una mujer con una vestimenta poco occidental y un tercer ojo rojo pegado en la frente me acordé que me había dicho que sus padres estaban de visita durante un par de meses. Gente increíblemente amable, conversadora (caso todo el mundo en la India habla inglés), de diez.

Me recibieron con un almuerzo típico y me dijeron que no le habían puesto tanto picante como de costumbre por mí. Otra vez cometo el error de hablar sin saber y digo: “por mí no se preocupen”. Gravísimo y craso error porque la versión light era lo más pulenta que pude haber probado en esta y otras vidas. Nada que un vaso de agua por bocado no solucione.

Aprendí muchas cosas con esta gente, como por ejemplo cómo comer sin cubiertos sin hacer un verdadero enchastre, o los diferentes tipos de té para los diferentes momentos del día y otras cosas más que interesantes para un pibe de barrio como yo.

La casa era enorme con pocos muebles, rastro evidente quizás de un divorcio. La mayoría de las habitaciones estaban completamente vacías y la que me tocó a mí no hubiera sido la excepción si no fuera por el colchón inflable en el cual dormiría.

Dejo mis cosas y vuelvo con Devidas a la ciudad porque él tenía que laburar un poco más. Camino, pase y me pregunto qué carajo hago acá y así, pero sonrío porque me gusta.

Me compré cuatro libros en una librería gigante de nuevos y usados. Los dos más interesantes son uno de trucos de magia y uno que se llama “in Patagonia” que habla del viaje de un estadounidense a nuestra tierra hace treinta años. Lo compré porque al abrirlo veo la palabra “Cholila” rodeada de todo el resto en inglés y digo “cómo no”.

Ya de vuelta con Davidas tipo 5 de la tarde me propone ir a unas cascadas que había afuera de la ciudad y acepto. De nuevo, en el medio del bosque con un perfecto desconocido y pienso “soy un quemado, y me gusta ser así”. Los lugares a los que me llevó IM-PRE.SIO-NAN-TES, unas cascaditas perdidas en el medio del bosque con casi nadie alrededor. Realmente impagable, aunque otro miedito aparece cuando pienso “ahora este me empuja del precipicio y acá me encuentran para navidad”. Tengo que decir que cada vez me iba relajando más porque el tipo era completamente normal y no tenía absolutamente nada que me hiciera sospechar, es simplemente la idea.

Volvimos, comimos y a dormir. Dormí bien aunque debo confesar que puse la mochila contra la puerta para escucharla caer si alguien intentaba abrirla durante la noche. Realmente paranoico, lo sé, pero en ese momento se me ocurrió que era brillante.

Al otro día (sábado) fuimos a un vivero a “intercambiar unas plantas” con Devidas y los padres. Creo que en mi relato me olvidé de decir que el tipo tiene un patio trasero increíble, con una cascadita artificial y que es fanático de la jardinería. Para darle un tono más increíble a todo basta considerar que a su patio van CIERVOS. O sea, la parte de atrás está abierta y los ciervos andan por ahí, entonces vos estás comiendo o lavando los platos y mirás por la ventana y aparece Bambi con la madre. En ese momento yo digo “en qué planeta estoy?”.

A la tarde fuimos a la costa (unas dos horas en auto) y el tiempo no acompañó demasiado pero igual le hicimos el aguante a una caminata por la playa con él y los viejos para amortizar el tiempo viajado. A la vuelta unos tallarines y al sobre.

Hoy (ah!, no les conté que esto lo estoy escribiendo en el avión y es por eso que se me hizo tan largo) me levanté y después de un desayuno hindú, me llevó al aeropuerto y me regaló un pañuelo que había traído de la India para colgar en la pared. Los padres me dijeron que si alguna vez “paso” por Bombay los vaya a visitar.

En fin, este genio de Devidas realmente se pasó con su amabilidad y se lo quiero agradecer públicamente aunque probablemente no entienda el idioma en el caso de que llegara a leer esto algún día. O sea, para él yo era también un perfecto desconocido y el tipo me abre las puertas de su casa, me pone un plato de comida y me lleva de allá para acá a conocer los mejores lugares de la zona (que por cierto, me hubiera perdido de no ser por esta aventura). Realmente más mérito el de él que el mío porque yo estaba un poco jugado (bueno, en realidad no pero me negaba completamente a gastar una fortuna en una habitación lujosa) pero él no tenía ninguna necesidad de hacerlo y me dio una mano bárbara.

En fin, aguante la gente solidaria, aguante CouchSurfing y aguante Devidas, mi nuevo amigo en Portland.

De más está decir que le agradecí hasta el hartazgo y que insistí un número de más de 2 cifras de veces que se pegue una “escapada” a Barcelona así le puedo devolver el favor.

En definitiva... una historia un poco larga pero que creo que merece ser contada.

Un abrazo SOLIDARIO a todos.

Yo.

lunes, 23 de julio de 2007

Roma, città grande

Si me cuesta resumir a veces lo que pasó en horas, es lógico que no sepa cómo condensar todo lo que pasó en italia estos 9 días.

Cuendo llegamos a Roma, dejamos las cosas en el hostal (de mala muerte, como tiene que ser) y encaramos para el coliseo. IM-PRE-SIO-NAN-TE. En el camino habíamos comprado para comer así que sanguchitos en un parque que está enfrente con una vista maravillosa de una de las nuevas siete maravillas (un genio el que se inventó ese curro, debe haber hecho una guita impresionante con la votación por internet). De ahí, foro romano y las diecisietemil cosas que de pueden ver en la ciudad. Como diría una fiósofa contemporánea “a cada paso hay un monumento”. Y es verdad. La piedra más jóven tiene como mil quinientos años.

En la semane estuvimos en el pueblito de L’Aquila (ni los italianos lo conocen) en la escuela de verano con 6 horas de cursos por día. Fue matador. Lo bueno es que conocimos gente de todo el mundo, TODO desde un polo a otro y desde Argentina hasta argentina (dando toda la vuelta).

La escuela culminó con una fiesta increíble el viernes a la noche y el sábado a la mañana estábamos de vuelta en Roma. Otra vez a dejar las cosas al hostal (al mismo, porque no aprendemos) y a pasear. Un calor insoportable. Entre 35 y 40 grados. Lo bueno es que en Roma a cada paso un monumento pero además un bebedero con agua fresquita así que eso evitó que gastáramos fortuna en gaseosas y porquerías similares.

Mi pobre italiano (y no digo nulo porque venía escuchando unos cursos en MP3 desde hace un tiempo) mejoró de una manera abrumante culminando con una extensiva charla con el chofer de la combi que nos llevó al aeropuerto que trató temas básicos pero importantes.

Lo malo de Roma: el calor y que siempre, pero SIEMPRE que pedís la cuenta en un bar o restaurant se equivocan a favor de ellos cobrándote un café de más, o una bebida o los cubiertos cuando la carta dice “cubiertos incluídos”. Voy entendiendo algunas cosas…

Lo bueno de Roma: TODO LO DEMÁS!!! Realmente me encantó de pies a cabeza.

Trato de poner algunas fotos representativas pero no es fácil cuando Ferad sacó MIL!!! Sisi, un uno y tres ceros a la derecha. No es exagerado, es literal.

En fin… hasta aquí mi crónica que corre el riesgo de ser corta pero jamás podrán acusarla de falta de autenticidad porque la estoy escribiendo en el aeropuerto “Leonardo da Vinci” mientras espero el vuelo que me lleve de nuevo a Barcelona.

Abrazo de gol a todos!!!

Cristian (falta poquito más de 5 meses).

viernes, 6 de julio de 2007

Quería decir eso nada más.
Bueno, resulta que compré un pasaje para Argentina del 6 de enero al 8 de febrero de 2008 así que a pasar dos veranos (me tenía que cobrar esa deuda de los ods inviernos seguidos que me comí).
Tipo nada, ¿viste? ESTOY CONTENTOOOOOOO.
Quería decir eso nada más.
Abrazo de gol (de Mascherano)

lunes, 18 de junio de 2007

Finde en Palamós
El finde pasado la iba a ir a visitar a Pauli (Barreiro) a Palamós, lugar donde vive y trabaja a 2 horas de Barcelona. El sábado a la mañana tras hacer un esfuerzo sobrehumano para despertarme armé la mochila y salí rumbo a la estación de buses. En el camino se me ocure llamarla para confirmar, aunque habíamos hablado el día anterior. Cuando me atiende tenía voz de dormida, lo cual me pareció raro porque era un horario en el que supuestamente estaría trabajando. Respuesta: en cama con otitis. Chau viaje, cancelado. Echa pa'trás perro.

Como soy perseverante, este finde fuí (tras comprobar que se encontraba en perfecto estado de salud). El viernes a la noche ya estaba ahí y me quedé hasta el domingo a la tarde.
Palamós es un pueblito chiquitito de la costa brava bastante turístico pues tiene lindas playas, es tranquilo y damás. En esta ocasión estaba un poco más revuelto porque había llegado una feria de estas itinerantes que son cruza de parque de diversiones con kermesse. Por supuesto que no me subí a ninguno de los juegos de esos que ponen en peligro tu vida porque me da mucho miedo :)
Hubieron dos cosas que empezaron excelentemente bien y terminaron mal durante el finde:

UNA: Jorge, el chico que vive con Pau, se compró una moto y con ella van los dos para todos lados. Como no cabíamos los tres en la moto
, el sábado a la tarde hizo dos viajes para ir a "La Fosca" (La Oscura), que es una playa que queda cerquita (en moto) de Palamós. Realmente impresionante, súper linda, con el agua tranquila, transparente, arena fina y una roca grande en el medio de la playa que le da un toque exótico. Tras pasar la tarde ahí y comer una hamburguesa en un chiringuito llegó la hora de volver así que Jorge se dispuso a hacer los dos viajes de retorno. Como par de caballeros que somos, decidimos que primero llevaría a Paula así no esperaba sola en la playa. Echo. A partir de ahora comienzan las peripecias: en primer lugar mientras esperaba me acomodé en un rincón excelente, tranquilo para disfrutar de 15 minutos de paz y en ESE momento llega un contingente de una asociación que debería llamarse "Padres Felices" o algo así. Eran todos treintañeros con al menos dos críos por cabeza, todos (grandes y chicos) gritando, saltando, revoleando arena, etc. A los 20 minutos no me los bancaba más así que me fuí para otro lugar (no tan bueno como el original) y me mojé los pies, pensé, y me acordé de Jorge: "qué raro que no viene". En eso se me ocurre mirar el teléfono y tenía una llamada perdida suya. Lo llamo: "Se me rompió la moto, vas a tener que volverte en bus". No problem, digo... en un rato estoy por tu casa. Ya la cara me cambió cuando los lugareños me dijeron que no existía tal bondi, con lo cual debía caminar. Linda la vuelta, che... un poquito cansadora pero linda!!! (Irónico).

DOS: Volviendo a la feria... a la noche estábamos paseando y Paula insistía a Jorge para que le gane algún peluche o algo. Jorge intentaba pero sin suerte. En una de esas pasamos por uno de patear penales. Con una pelota había que
voltear dos palos de bowling y te llevabas un premio. Dos euros cincuenta el tiro. Pago, tiro, erro. Seguimos la vuelta y llegamos al final de la feria que estaba organizada en forma de chorizo. Cuando pasamos por lo de los penales de nuevo me insistieron, juro que me insistieron. De nuevo: pago, tomo carrera, miro los palos y la pelota, palos y pelota, palos y pelota mientras avanzo. Le pego con la cara interna de mi derecha gloriosa sin efecto, derecho, casi una bala. Muy fuerte, la verdad que le pegué muy fuerte, tanto que cuando levanté la cabeza para mirar, los palos estaban en el suelo. Levanto mi derecha gloriosa sonrío y pienso "no fue tan difícil". El tipo del puesto asiente con la cabeza como diciendo "Si señor, vale, no hubo offside, es un gol legítimo" y yo emocionado casi hasta las lágrimas. Cuando me dice que elija un premio no lo podía creer y digo "¿puede ser una pelota?". En ese momento me acordé de Pau, de que le habría gustado que su amigo le regale un peluche pero no pude, ni siquiera se me cruzó por la cabeza. El tipo asiente y me la dá.
Al recibirla me siento Diego en el 86, no la besé porque andá a saber quién la habría tocado, pero si hubiese estado pasteurizada le habría dado 2 besos (uno por cada palo). Lo que sigue de esa noche es alegría, jugando con la pelota por la feria, divirtiéndonos y a dormir.
Al día siguiente fuimos a la playa y la llevé. Ya para ese momento estaba firmada por Paula y Jorge, que también habían escrito "Recuerdo de la feria de Palamós". Estábamos jugando con Jorge cuando llegan unos chicos y nos preguntan si hacemos un partidito. Obvio! Digo yo. Así que así fue, partido en la playa, descalzos en la arena y el resultado: ganamos. Pero no ganamos así nomás. Ganamos sufriendo, ganamos 3 a dos. Con una asistencia mía. Casi
medio gol mío.
Al terminar el partido al agua a refrescarse y el día se hubiese consagrado como perfecto si no pasaba lo que viene a continuación: esa pelota, ganada con gloria, firmada, utilizada para la victoria en un duro encuentro en la playa. ESA PELOTA, que fue mi compañera durante esas casi 24 horas... ME LA OLVIDÉ EN PALAMÓS.
Todavía lloro, una vez más como Diego, pero esta vez en el 90.

Abrazo de medio gol.

ANEXO A ESTE POST: Paula me acaba de mandar más fotos que
creo ponen en evidencia mi habilidad y mi juego involucrado así que también las cuelgo a continuación.

viernes, 8 de junio de 2007

SUERTE SEBACAR!!!
Bueno, Seba... un pequeño homenaje a vos, un grande del blog, uno que siempre estuvo en todo este tiempo. Te quiero desear muchísima suerte en esta nueva vida que empezás a mañana y ojalá te vaya entre 10 y 11 puntos!!!
Un abrazo fuerte, muy fuerte.
Yo